Movimiento nacional: integración de clases y 'neutralidad' ideológica

Marat

1.-Introducción necesaria para saber de qué estamos hablando:

El concepto “movimiento nacional”, más allá de las evocaciones históricas que suscita en el Estado español, tiene su origen en las revoluciones burguesas, de las que la de 1789 fue la inicial. Son los movimientos o revoluciones de 1848 en Europa (comienza la Segunda República Francesa, que había sido precedida por la restauración de la monarquía constitucional, se inicia el proceso de construcción de Alemania, se llevan a cabo revoluciones nacionalistas en Italia y otros países como Austria o Hungría) los que darán lugar al “espíritu del pueblo”, (Volksgeist ), del Zeitgeist (“el espíritu del tiempo”) del que habló Hegel. Su uso oportunista por parte de una de las sectas presentes entre los “indignados” españoles no es sino el intento de reencumbrar una visión “idealista” de la historia frente a la concepción materialista de la misma. Con mucha menor elegancia que Hegel, la secta espiritualista y materialista Zeitgeist convierte hoy los fenómenos históricos y sociales en nuevo opio para consumo de mentes crédulas e ignorantes, que prefieren las emociones retorcidas a los procesos sociales y la compresión de la lucha de clases como motor de la historia.

Pero el 1848 de las revoluciones burguesas y de construcciones nacionales es también el año en el que se realiza la primera edición de “El Manifiesto Comunista”. El desarrollo de la industrialización en el siglo XIX había dado lugar a la proletarización de las clases bajas europeas en los países de economías más avanzados. Y consiguientemente, con la emergencia de una nueva clase social, surge el movimiento obrero, que tendrá sus propios intereses más allá de los nacionales y de los de la la burguesía de mitad del siglo.

Desde que burguesía y clase trabajadora se han encontrado en la historia, salvo en los momentos de colaboración necesarios para derrocar dictaduras o ante regímenes en decadencia previos a la instauración del sistema de dominación burgués, la clase trabajadora ha acabado sufriendo casi siempre las consecuencias de pactar con sus enemigos de clase.

En la dinámica social la relación natural entre las clases antagónicas –burguesía y trabajadores- es el conflicto respecto a la redistribución de la riqueza. De ahí nace la lucha de clases cuando la sociedad se estructura en estas; esto es, bajo el capitalismo.

La lucha de clases no tiene necesariamente siempre una forma organizada y políticamente consciente por ambas partes. A menudo, es la clase trabajadora la que participa de la lucha de clases de un modo puramente reactivo, primario, inconsciente, obedeciendo más a un reflejo de clase que a una conciencia social construida, sin trascendencia colectiva ni política. Los destellos instintivos de lucha de clases, cuando no responden a un comportamiento organizado y consciente por parte de los trabajadores, engarzan con lo Gramsci denominó “filosofía del sentido común”. La crítica al carácter usurero de los bancos o al abuso del empresario particular rara vez conlleva la elevación de la conciencia al estadio superior de la globalidad de la clase como proyecto de emancipación colectiva.

En cambio, la burguesía, especialmente la que representa al gran capital, sí lleva a cabo una lucha de clases consciente. Sabe que la base y razón de su poder económico y político, éste último por vía directa o interpuesta, está en la feroz dictadura de su poder como clase sobre los trabajadores. Lo hace cuando extrae la plusvalía del trabajo, no sólo como medio de incrementar su tasa de ganancia y facilitar la acumulación de capital sino también como forma de potenciar la subordinación de clase de los asalariados mediante salarios limitados, que la crisis ha ido convirtiendo cada vez más en retribuciones miserables. Y lo hace también cuando impone, mediante su presión a los gobiernos, políticas fiscales regresivas, del mismo modo en que sigue haciéndolo cuando establece, a través de las instituciones financieras, préstamos que esclavizan de por vida a los asalariados. Warren Buffet, uno de los multimillonarios más encumbrados desde hace años en la lista Forbes lo tiene claro:  “Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase, la clase de los ricos la que dirige la lucha. Y nosotros la estamos ganando”

 

 2.-Y ahora vayamos a la cuestión que importa:

El movimiento nacional se sustenta sobre un doble “compromiso”: un planteamiento formalmente interclasista, pero siempre a favor de la pequeña y mediana burguesía que defiende el capitalismo porque se siente beneficiado por él, siquiera en las coyunturas expansivas de la economía, y supuestamente “neutro” en lo ideológico. La realidad es que esa neutralidad busca anular las contradicciones izquierda-derecha y superar las contracciones entre capitalismo y socialismo con el objetivo del mantenimiento del primero por rechazo al carácter alternativo del segundo. Eso sí, ofertado como “capitalismo de rostro humano”, cuando ya sabemos que lo que nos ofrece el ocaso del sistema es la pira sacrificial para las clases desposeídas. 

La gran contradicción trabajo-capital no se establece entre clases trabajadoras y pequeña y mediana burguesía, sino entre trabajadores y gran capital, pero en épocas en las que se combina crisis sistémica y fuerte pujanza de movimientos neoconservadores (resultan ilustrativos a este respecto los paralelismos entre los años 30 del pasado siglo y los actuales), la pequeña y mediana burguesía experimenta fuertes tentaciones de deslizamiento hacia posiciones abiertamente reaccionarias como movimiento rechazo hacia las amenazas de pérdida de sus privilegios dentro del sistema capitalista.

De este análisis sobre el concepto de “movimiento nacional” quedan excluidas las opciones políticas de los pueblos sin Estado (izquierda abertzale, movimientos populares indigenistas, procesos de liberación nacional de los años 50, 60 y 70 del siglo XX,...que son dirigidos desde un bloque social en el que las clases trabajadoras y de las izquierdas políticas que las dirigen ejercen su hegemonía). Ese planteamiento “popular” del “movimiento nacional” es perfectamente compatible con la perspectiva marxista, y otras aportaciones sobre la lucha de clases, que intentan unir los procesos de liberación nacional con la transformación socialista de la sociedad.

Volvamos ahora sobre el núcleo de la cuestión. La ideología capitalista ha construido un artefacto teórico en el que en el centro está la virtud: habla de consumidores y se centra en las clases medias, ignorando al 65% de la sociedad, situada en los distintos estratos que ella misma ha creado para segmentar a las bajas (media-baja, baja, baja-baja). Habla de derechos y se remite al concepto de “ciudadanos” que oculta hechos como que sólo el 39% de los jóvenes españoles entre 25y 34 (1) tienen estudios universitarios (el 61% no los tienen). Significativamente, frente a ello, entre los 35 principales de Democracia Real Ya los no universitarios brillan por su ausencia (2)

La ideología “ciudadanista” -empeñada en fabricar “transversalidades” para homogeneizar lo que lo económico y social convierte en diverso y antagónico: las clases sociales- esconde que el 62% de los asalariados no ocupan cargos superiores, sino básicos y, en el mejor de los casos, intermedios. Sería interesante comprobar cómo construyen sus teorías sociológicas aquellos que pretenden representar una opinión prefabricadamente mayoritaria que es PURA MENTIRA.
En los años 80 intelectuales como André Gorz o Alain Touraine, entre otros, se ocuparon de fabricar la gran mentira de que la clase trabajadora disminuía dentro de la estructura social e insinuaban el papel transformador que en adelante tendrían las clases medias, tras el agotamiento de la fuerza revolucionaria de la clase trabajadora. Se les olvidó a estos sociólogos de prêt-à-porter analizar: 1) ¿cuál era su papel dentro de la producción?; 2) ¿qué % de las clases sociales de las que hablaban eran asalariadas?, 3) ¿a qué % de ese conjunto de asalariados se les extraía plusvalía del producto de su trabajo? 4), ¿cuál era el nivel real de movilidad social ascendente en los países de capitalismo avanzado, dentro de las políticas de igualdad de oportunidades? 5) otros factores como formación educativa, nivel y tipo de consumo respecto a los del resto de las clases sociales en las sociedades de capitalismo avanzado.

Se estaba pergeñando el gran engaño de una sociedad de clases medias que en los 50 del pasado siglo se estaba construyendo en Norteamérica con el mito de los “white collar” de los que hablaría C. Wright Mills en 1951. El problema de los “sesudos” análisis coyunturales es que atienden a momentos concretos de la dinámica histórica y convierten tendencias del momento en leyes generales, en este caso olvidando la naturaleza estructural del capitalismo y la relación entre las clases que la sustenta.

Bien, pues las consecuencias más importantes a nivel social, económico y político de la crisis más profunda que ha conocido el capitalismo en su historia es la vuelta a un liberalismo salvaje, destructor del Estado y la democracia, y la brutal dualización social entre trabajadores y parados, por un lado, y capitalistas, por el otro. 

Nadie hablará de la clase trabajadora hasta que ella misma no lo haga en su nombre. No se hace en el cine, que entroniza a las clases medias como gran aspiración de consenso social sobre el que se sustenta la legitimación del capitalismo, no se hace en la literatura, que la ignora por poco glamourosa, y no se hace en las ciencias sociales, que prefiere esconder una realidad social profundamente desigual.

Cuando otra clase social habla en nombre de todas, cuando la clase media trata de representar también a la trabajadora, pero no sus intereses, y usurpa su representación y su voz, algo está fallando en el concepto de justicia y de distribución social de la riqueza.

Georgi Plejanov, introductor del marxismo en Rusia, vino a explicar en su obra “La ideología del pequeño burgués” que el pensamiento y la perspectiva ideológica de éste siempre mira en la dirección de la gran burguesía. Dicho de otro modo: la pequeña y mediana burguesía es el caballo de Troya que se inocula a la clase trabajadora como proyección de expectativa social y como compromiso de clase para impedir su ruptura con el capitalismo. Éste establece una estructura de espejos cóncavos (“Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento”. “Luces de Bohemia”. Ramón María del Valle Inclán) en los que cada clase inmediatamente inferior se mira en la superior, a través de la hegemonía ideológica de la clase dominante.

Esto se entiende muy bien desde el discurso promeritocrático (3) que representa con gran claridad los objetivos de la generación joven de una pequeña y mediana burguesía a la que la crisis ha descolocado respecto a sus expectativas de promoción social, al contrario de lo sucedido con los objetivos cumplidos, aunque ahora amenazados, de la generación mesoburguesa anterior, la de sus padres.

No es nueva esta bandera. Por el contrario es tan vieja como la propia burguesía. Max Weber, uno de los más importantes pensadores al servicio de esta clase social, ya teorizó la importancia del mérito y el esfuerzo en la consecución del éxito en su obra “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.  Esto como coartada dignificadora del “status quo” del poder económico. Pero también como justificación de la explotación laboral, que pretende llevar a los trabajadores a aceptar su sacrificio en espera de una recompensa que rara vez se encontrará dentro del actual sistema económico. Desde ese esquema acusar a los no triunfadores de desidia, escaqueo y falta de motivación por el trabajo será un buen modo de justificar el antagonismo entre trabajo y capital. Este tipo de argumentos son los mismos que defienden  los jóvenes cachorros del marketing y el pensamiento liberal que pastorean el #nolesvotes -Enrique Dans & cia.- que tanto ayudó al PP el 22M y que ahora vuelve a reeditar el mismo discurso que contribuirá de nuevo a la entronización de la derecha más rancia, antisocial y paleofascista en el gobierno del Estado el 20-N (4)

La defensa de la cultura meritocrática de esta generación YNTJASP (ya no tan jóvenes aunque sobradamente preparados), que representa el núcleo intelectual y dirigente principal del 15-M y las fuentes políticas liberales de las que bebe, intenta ocultar que un título universitario público no vale lo mismo que uno privado, que un Master público español no se acredita igual que uno de Universidades privadas USA, a las que tantos de esos dirigentes indignados YNTJASP han ido, que en la pública tampoco ese Master es gratuito y que a él no acceden más que una mínima parte de la minoría de hijos de los trabajadores que, hasta ahora, han logrado ir a la universidad, que ser un bussines school y dirigir la #spanishrevolution es sospechoso frente a las bajas categorías de los pobretes con título pelón o sin él, sobre todo cuando las demandas políticas planteadas tienen tan poco que ver con las duras realidades de 5 millones de parados. Cuanto más me hablan de la ILP de la dación en pago como gran hito rojo del 15M más me convenzo que las ansias de manumisión del esclavo se agotan en que duerma a la intemperie pero agradeciendo a los bancos que no les eche encima el plus de la parte contratante de la primera parte aún no amortizada.

Hablar de meritocracia como esfuerzo es tan falso como vendernos que los merecedores del éxito provengan de una igualdad social que previamente, desde la cuna, no ha existido y que, desde la diferencia social, potenció una falsa igualdad de oportunidades opresiva para el esclavo. ¿De verdad que su realidad, señor meritócrata, le sitúa en igualdad de oportunidades con mi primo cuando en mi familia nunca nadie ha podido tomarse un año sabático en Guasinggggtón para aprender el idioma del Imperio? Estoy pensando en que debe hacer usted un viaje a las Alpujarras durante una semana para hacer una inmersión lingüística con los nativos locales y su uso del habla. Probablemente pueda usted dedicarse a la antropología rural financiado por una fundación privada de las que desgravan a las grandes fortunas.

Partitocracia o lo que los ultraderechistas modernos llaman partidocracia es otra de las patas del discurso indignado. Es llamativo que de partitocracia o partidocracia hayan hablado pensadores reaccionarios como Gustavo Bueno o Gonzalo Fernández de la Mora, como lo es que la crítica a la democracia de partidos venga también hoy de los sinarquistas mejicanos –movimiento con claras influencias nazifascistas-, en el pasado y el presente del populismo peronista, que necesitaba de la crítica a los partidos para imponer una doctrina política transversal (expresión que tanto gusta en el 15M) en lo social e ideológico como proyecto de movimiento nacional. Pero el término partidocracia está también muy ligado a pensadores de referencia del nacionalsocialismo como Moeller Van den Bruck, Carl Schmitt o Alfred Rosenberg. Para ellos, la miseria política alemana era efecto de la partidocracia. Esa música suena ahora otra vez pero tocada por renovados “pianistas”. Wilfredo Pareto, Gaetano Mosca, teóricos cercanos al fascismo italiano de Mussolini trabajaron en su momento alrededor del concepto criticando los sistemas de partidos como ineficaces, rompedores del espíritu y la cohesión nacionales y secuestradores de la voluntad popular en beneficio de los políticos profesionales. Su correlato en Francia sobre estas cuestiones lo representará George Sorel que, a pesar de su origen de socialista de izquierda y de partidario del sindicalismo revolucionario, acabará influyendo en la aparición de los fascismos.

Cierta pereza intelectual en la izquierda, que lleva a tomar préstamos de conceptos ajenos y hasta opuestos a la misma, por aquello del oportunismo ideológico de que hay términos que hacen fortuna, y un origen opuesto a las libertades democráticas burguesas en una parte de ella, le ha llevado en el pasado y hoy de nuevo a acariciar coqueteos políticos con categorías conceptuales que acaban por ser profundamente antidemocráticas.

Hay un bulo que está teniendo marcado éxito que opone partitocracia a democracia y democracia real –como si ésta tuviera un acabado ideal- a representación. Junto al grito del “no nos representan” va unida la idea de un profundo antiparlamentarismo y antipartidismo que no se agota en los principales partidos del sistema democrático. De otro modo no se explican cuestiones como la centralidad de la crítica a la representación, a la institucionalidad política y a los partidos en su conjunto (IU está probando ya las consecuencias de las malas compañías indignadas). Es curioso que esta crítica la realice gente que sí milita en partidos, aunque lo oculte, que da vida a partidos nacidos del 15M y que acaba llevando al Parlamento su manifiesto y sus peticiones. ¿Qué pasa entonces con el “no nos representan”? Sencillamente que el oportunismo es una más de las “virtudes” de lo indigno. No hay una sola democracia en sociedades de masas y complejas, que superen la dimensión de la tribu, que no se asiente en un compromiso con la representación y que no se base en los partidos políticos. Lo contrario es movimiento nacional, partido único y dictadura. La deriva del discurso sobre la partitocracia está llevando a giros argumentales que cuestionan el % de representación para decir si es democrática o no una elección, el % del voto sobre el total del censo en que se asientan los gobiernos (el rotundo éxito que tendrá el PP el 20-N seguramente será para ellos mucho más “democrático”), oponiéndolo a los indignados que salen a las calles, como si estos fueran ideológicamente homogéneos y a una supuesta representación, de pretendida mayor calidad, que se basa en unos cuantos miles frente a los millones que ejercen su derecho al voto. Un evidente camino hacia el movimiento nacional.

Recuerdo aún una frase de Blas Piñar cuando con un solo diputado (él) en el Parlamento español de 1979 (Unión Nacional, uno de tantos inventos de Fuerza Nueva) dijo aquello: “entre Dios y yo tenemos mayoría absoluta”. Otro que creía en la calidad superior de la representación por encima de un cierto respeto que el número debe tener.

Quienes creemos en una sociedad socialista no podemos permitirnos el lujo de caer en la trampa de despreciar el pluralismo político que los partidos representan por el hecho de que lagarteranas derechistas, disfrazadas de pseudoizquierdistas, pretendan vendernos la democracia de partidos como mera democracia burguesa o incluso como algo opuesto a la “democracia real”. Y ello porque nadie nos regaló el derecho a poder votar a o militar en nuestras opciones de izquierda y porque el día en que los “anti-partitócratas” pudieran imponernos su voluntad la gente de izquierda seríamos los primeros represaliados por estos “demócratas reales” (5) que callaron cuando se rechazó el derecho a una parte del pueblo vasco a verse representada por una organización democrática como Sortu.  

 

NOTAS: (1)http://noticias.universia.es/publicaciones/noticia/2009/09/09/659058/espana-mejora-porcentaje-titulados-universitarios.html  

(2)http://identidadandaluza.wordpress.com/2011/06/09/dry-los-35-principales/

(3)http://movimiento15m.org/foro/discussion/556/meritocracia-y-transparencia/p1 y también http://poderenlared.com/?p=1266 y además http://preparemonosparaelcambio.blogspot.com/2011/07/meritocracia-propuesta-para-futuro.html

(4)http://www.enriquedans.com/2011/07/vuelve-nolesvotes-es-el-momento-de-los-ciudadanos.html

(5) Y si quedan dudas, sirvan de referencia estas frases: “A estos interesados ofrecimientos de guiar el movimiento, la respuesta debe ser una apuesta por la fraternidad, mucho más humana que la vanguardia, y más permanente. El ofrecimiento puede ser indirecto, más insidioso, apelando al sentimiento antes que a la inteligencia, y viene del pasado en forma de banderas. Con estrellas, con puños, tricolor republicana, con hoces y martillos y múltiples otras siglas y logotipos, enhiestas en sus mástiles, gritándonos a todos su mensaje de soberbia: ¡Yo sé el camino!. Y mientras más grande sea la bandera, mayor es el conjunto de prejuicios que la juran.

La respuesta del 15M es simple y directa: tu camino no me interesa, ven y busquemos juntos uno nuevo, ¡sin banderas!. Cada revolución crea sus propias banderas, y antes que esto suceda, las viejas banderas son un insulto a la inteligencia creativa e inventiva de los humanos y un recuerdo de otras derrotas”:  https://sites.google.com/site/platosllano/los-obstaculos-del-15m Al final, para estos, el problema es la izquierda.

 

http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com/2011/08/movimiento-nacional-integracion-de.html

 

Ver También:


Cerrar
  • Redes Sociales

OtroMadrid.org

> Resistencias Urbanas