Ernest Favil
Vuelta la burra al trigo. La asamblea de delegados de centro y zona, celebrada
el pasado jueves 8 de septiembre en la sede de UGT de Madrid volvió a no ser
eso: una asamblea. Se coartó una vez más la soberanía de ese órgano, impidiendo
que los delegados allí reunidos tomaran ninguna decisión. No se sometió a su
consenso ninguna propuesta. No se admitió a votación ni uno solo de los puntos
del calendario de movilizaciones que supuestamente estaban llamados a aprobar
allí. Y eso que los mandatos que traía la inmensa mayoría de los delegados eran
meridianamente claros: no a la huelga-paripé del día 14, sí a una huelga
indefinida de martes a jueves todas las semanas hasta la consecución de los
objetivos, sí a la creación de un comité de huelga paritario, con un 50% de
profesores sin filiación sindical.
Es cierto que quien pretendió ser la moderadora de aquella asamblea, la
secretaria de acción sindical de CCOO Isabel Galvín, actuó de una forma
significativamente más transparente y con mejor voluntad que quien asumió su
mismo rol en la reunión informativa del pasado día 31 de agosto. Sin embargo,
continúa existiendo un grave entuerto en la gestión de estas pretendidas
asambleas. Un entuerto de carácter político, fruto del alumbramiento de Sol el
15-M, y cuya prolongación en el tiempo, según este humilde redactor, está
siendo impuesta de forma malintencionada por las cúpulas de los dos sindicatos
de concertación y los tres sindicatos corporativos, que no están dispuestos a
ceder un átomo de sus privilegios a cambio de que los docentes se levanten y
luchen organizadamente contra el programa de recortes de sus derechos decidido
por el gobierno regional de Madrid, en connivencia con el gobierno central y
sus socios financieros.
¿Por qué no se permitió a los delegados de las asambleas de profesores
constituidas en multitud de centros educativos y zonas de la Comunidad de
Madrid gestionar los acuerdos que llevaron a la asamblea general desde sus
respectivos órganos soberanos? Los argumentos de los cinco representantes de las
empresas de servicios laborales (CCOO, CSI-F, FETE-UGT, STEM y ANPE), que el
pasado jueves volvieron a controlar la reunión desde el estrado del auditorio
de la Casa del Pueblo en Avenida de América, eran cuatro:
- Que había claustros y asambleas de zona que todavía se estaban reuniendo o se
iban a reunir, y cuyos acuerdos aún desconocían.
- Que estaban secuestrando a los compañeros encerrados en la sede de la
Consejería, y que había que ir corriendo a liberarlos.
- Que los delegados de las diferentes asambleas no eran realmente delegados,
sino portavoces, mensajeros sin capacidad de decidir.
- Que se habían ausentado de la sala ya bastantes delegados y así no había
manera de cerrar un acuerdo.
Siguiendo un estratégico orden cronológico, esos tres argumentos fueron
dosificados desde la mesa a lo largo de las 4 horas y pico que duró la reunión,
con la intención de no ceder el poder a quienes legítimamente allí lo tenían.
Vaya una Casa del Pueblo era aquella donde al pueblo se le impedía decidir.
Pero empecemos por el principio.
La reunión del pasado día 8 comenzó hacia las 5.30 de la tarde con un discreto
discurso de quien agarró de primeras el micrófono, sin consultar a los
delegados si les parecía bien otorgarle el papel de la moderación. Era la liberada
sindical Isabel Galvín, anteriormente mencionada. En ese discurso de
presentación explicó el proceso de recogida de las respuestas al cuestionario
que los sindicatos de concertación habían enviado a todos los claustros de
profesores de centros educativos de la Comunidad de Madrid. En la puerta, una
grupo de liberados de CCOO, con sus flamantes ordenadores, seguían recogiendo
en una supuesta base conjunta los datos que los delegados les entregaban en
mano al entrar en el auditorio. Aprovechando la oportunidad que ella misma se
había brindado, y habiendo recibido ya los resultados del primer sondeo, Isabel
Galvín lanzó el primer argumento para distraer a los delegados allí reunidos de
su obligación de decidir el calendario de movilizaciones: "¡No tenemos
todavía todos los datos! ¡Algunos se están reuniendo ahora mismo! ¡Otros se van
a reunir mañana!"
El contenido del cuestionario que se había enviado a todos los profesores de
secundaria de Madrid era el siguiente:
1. ¿Estás a favor o en contra de las Instrucciones de Inicio de Curso 2011-2012
y de los recortes de plantilla y recursos en la enseñanza madrileña en todas
las etapas educativas?
2. ¿Estás dispuesto a movilizarte en contra de las Instrucciones y en contra de los recortes en Enseñanza Pública en todas las etapas educativas?
3. ¿Qué tipo de movilizaciones consideras más adecuado? (puedes marcar más de una opción):
4. Si estás a favor de la convocatoria de huelga, indica qué modelo crees que debe seguir la convocatoria, tras el día de huelga convocado el 14 de septiembre:
Como podrá comprender cualquier lector atento, el cuestionario estaba trucado.
En el último punto se daba por supuesto un día de huelga el día 14 de
septiembre, coincidiendo con la apertura oficial del curso en la enseñanza
secundaria. Ese día de huelga no había sido consensuado por los profesores, que
ya desde la reunión informativa del día 20 de julio, y sobre todo en la del 31
de agosto, estaban avisando sobre los inconvenientes de esa huelga-paripé de un
solo día: que era día de fiesta en varios municipios de la Comunidad de Madrid,
que era un día informal de presentaciones, que sólo unos pocos profes de cada
claustro estaban obligados a acudir, que ya sabían que un paro simbólico de un
día no servía para nada.
Se abrió el turno de palabra y se fue llamando a los delegados de zona,
profesores que voluntariamente se habían ofrecido para transmitir los datos de
la encuesta en sus centros de trabajo y volcar los acuerdos tomados en ellos a
la asamblea general. Apareció en el estrado, abriendo el turno de palabra, con
su chistera en la mano, el profesor Agustín Moreno, sindicalista de largo
recorrido que ha asumido, ante la desconfianza lógica del colectivo docente
hacia los sindicatos amarillos, el viejo papel del "policía bueno".
El personaje que representa es el de afiliado del sector crítico de su
organización (en este caso CCOO), un hombre "independiente" que esta
vez sí va a ponerles las cosas en su sitio a las cúpulas y no va a permitir que
se pacte nada hasta que se consigan todos y cada uno de los objetivos de la
movilización. Los que llevan más tiempo en estas lides le explicaron a este
redactor que el personaje de Agustín Moreno no tiene nada de mago, y sí mucho
de traidor.
Pues bien, en calidad de delegado de su zona, Agustín Moreno expuso ante el
público los acuerdos que su asamblea le había mandatado transmitir, y, después
de eso, dio rienda suelta a su facundia para exponer su nuevo plan de
movilizaciones: encierros, manifestaciones, difusión masiva en los barrios y...
tatatachán, huelga de tres días por semana, empezando desde el 20 de septiembre
hasta el día 22. Agustín Moreno, igual que la cúpula de la corporación sindical
a la que pertenece, había cambiado sensiblemente su discurso al conocer los
resultados abrumadores de la encuesta. Ya no quería una huelga el día 14 y
"una serie de movilizaciones continuada para situar el conflicto contra
los recortes en la educación pública madrileña en el debate de la campaña
electoral del 20 de noviembre". Ahora hablaba de una huelga indefinida,
apelando de forma vehemente a los señores que estaban sentados en la mesa para
que permitiesen, de una vez por todas, que la asamblea decidiese un calendario
claro de movilizaciones. Estaba bien. Yo me dije: "¡vamos!".
Después, fueron apareciendo en el escenario los diferentes delegados. A los
pocos turnos, todo el pescado estaba vendido. Los profes se habían pronunciado
y preferían por amplia mayoría una huelga contundente de carácter indefinido a
una huelga paripé en un día en el que la repercusión del paro no podría ni
siquiera evaluarse de forma clara.
Aunque varias voces se lo habían avisado en la anterior reunión del día 31 de
agosto, los sindicatos de concertación habían decidido el pasado día 6 de
septiembre, por su cuenta y riesgo, convocar una huelga de un día para el
próximo día 14. El pasado día 8, en la sede de UGT, a medida que los delegados
de las diferentes zonas fueron presentando sus acuerdos fundamentados en los
datos de la famosa encuesta, quedó bien claro que los profes no estaban de
acuerdo con su decisión unilateral. Lo que querían no era un paro simbólico
para el día 14, con una movilización constante las siguientes semanas, sino una
huelga desde el martes 20 de septiembre hasta el jueves 22, prolongada de
martes a jueves durante las siguientes semanas hasta la retirada de las
instrucciones de la Consejería de Educación y la readmisión efectiva de sus
3.200 compañeros interinos despedidos. La liebre les había saltado delante de
las narices a los jerifaltes de los sindicatos amarillos, con la pólvora mojada
después de tantos años de pactos y traiciones a la clase trabajadora de este
país. Los profes, en un gesto de responsabilidad, desconfiaban de los
representantes sindicales de las cinco empresas mayoritarias, y sospechaban
que, manteniendo la huelga del día 14, podrían, como dijo la delegada de la
asamblea de Getafe, "pasar cosas" entre ese día y el día 20, la fecha
en la que los profes tenían pensado poner toda la carne (y la nómina) en el
asador. Son muchos años de negociaciones a las espaldas de las asambleas de
trabajadores, y no es de extrañar que los profes se temieran que en esa semana
de entre el 14 y el 20 de septiembre Esperanza Aguirre y sus socios en el
gobierno central ofreciesen algunas migajas que los sindicalistas a sueldo
estuvieran dispuestos a zamparse como almuerzo. Saben que la maquinaria
mediática de esos sindicatos de concertación es poderosa, y sería capaz de
presentar esas migajas ante la opinión pública como un logro histórico, para
que mientras Rubalcaba, que ya se ha manifestado a favor de los profes de
Madrid, suba unos pelos en las encuestas de intención de voto.
No nos olvidemos que en estos momentos lo que está en juego, además de los
puestos de trabajo de 3.200 interinos y la rendición incondicional al proceso
de privatización de la escuela pública, también son los cupos de liberados
sindicales y su capacidad de representación tras la última reforma de la
negociación colectiva y el estallido de la estrella Sol. Las cúpulas de CCOO y
UGT, con su legión de liberados, se han empezado a movilizar en las calles con
el claro objetivo de, en primer lugar, mantener sus privilegios, y, en segundo
lugar y de la mano del anterior, conseguir que el partido fascista PP no gane
las próximas elecciones generales. El criminal Alfredo Pérez Rubalcaba, autor
intelectual, entre otras cosas, de los miles de controles de identidad y
redadas racistas que tienen aterrorizada a la población migrante en Madrid y
otras cuantas ciudades de España, está también detrás de esa jugada.
Lejos de esos politiqueos, los profes madrileños han dado una lección de
autogestión y compromiso, aprovechando el esqueleto organizativo de los
sindicatos de concertación para crear un verdadero cuerpo de asambleas
soberanas. El músculo lo han puesto ellos, los profes. El espíritu viene
evidentemente de Sol. Por eso en la sede de UGT el otro día sudaron tinta los
cinco representantes, cinco, de las empresas de servicios laborales
mayoritarias en el sector de la enseñanza pública madrileña: CCOO, UGT, STEM,
CSI-F y ANPE. Echaban miradas perdidas al tendido, se rascaban, bufaban, a
medida que los delegados reclamaban con cada vez más fuerza pilotar la
movilización. Incluso en un momento, mediada la reunión, tuvieron que hacer
ellos mismos una asamblea allí encima del estrado, mientras el delegado de una
de las zonas exponía los datos y los acuerdos emanados de su asamblea. Aquel
delegado, como buen profe que era, tuvo que reprender a los señores de los
sindicatos por no estar atendiendo a su explicación y andar liándola sobre el
estrado.
En definitiva, lo que se fue demostrando el pasado 8 de septiembre es que los
profes de secundaria madrileños habían hecho los deberes, exhibiendo una
capacidad organizativa y una transparencia asamblearia que los sindicalistas a
sueldo, anclados todavía en los tiempos de antes del 15M, no se esperaban ni en
sus peores sueños. El compromiso de los docentes madrileños para responder
luchando a la última agresión a la educación pública superaba con mucho los
planes de las centrales sindicales que habían apostado desde el principio por
un conjunto de pataletas semanales "para situar el conflicto contra los
recortes en la educación pública madrileña en el debate de la campaña electoral
del 20 de noviembre". El pasado 5 de septiembre, cuando todo este
conflicto de intereses empezaba a brotar, Agustín Moreno dixit:
Dosificando nuestras fuerzas, por ejemplo, estableciendo una cadencia de acciones semanales coordinadas en todos los centros de secundaria: cada semana debe de tener su afán y la coordinación le da más impulso colectivo y más repercusión mediática. Por ejemplo, semana de la consulta-referéndum, semana de divulgación de las reivindicaciones (decoración del exterior de los centros con pancartas, fotos de los profesores que faltan, reparto de octavillas a los vecinos, etc.), semana de la convocatoria y asambleas con las familias, semana con huelga, semana de constitución en asamblea permanente en los centros de toda la comunidad educativa (algo así como “Nos desvelamos por la Escuela Pública”), semana de huelga a la japonesa con acciones que demuestren que el problema no es el aumento de la jornada sino la pérdida de miles de empleo y las consecuencias negativas en la calidad educativa (clases por la tarde, en las plazas de los barrios y pueblos, sábado de centros abiertos, etc.), semana de grandes manifestaciones en las calles, nueva semana de huelga esta vez de estudiantes, nueva huelga del profesorado, etc.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=135104
Así pues, cuando los sindicalistas de concertación se vieron en la tesitura de
tener que desconvocar su huelga-paripé del 14 y de acatar el acuerdo de la
mayoría de las asambleas de centros y zonas de Madrid, por las esquinas de la
sede de UGT los teléfonos empezaron a echar humo. A los representantes de las
corporaciones sindicales se les ocurrió un nuevo argumento dilatorio, que sumar
a los consabidos de "tenemos que estar unidos", "no os
equivoquéis de enemigo". El argumento era el siguiente: "¡Atención.
Están secuestrando a nuestros compañeros encerrados en Vitrubio! ¡Hay que ir
corriendo a rescatarlos!". Inmediatamente, la gente se unificó en el
sobresalto. Uno sentía el mismo arrugón en el estómago que cuando ve un rato
los informativos de CNN Internacional o la fase final del Gran Hermano.
El show estaba servido. Los más viejos del lugar recordaban la estrategia de
los grises en las movilizaciones del 68, esos que se infiltraban en las
asambleas de la Universidad para gritar, en el momento oportuno: "¡Han
detenido a fulanito, hay que ir a defenderlo a la comisaría!" Los
delegados más jóvenes, especialmente los interinos, obviamente no recordaban
eso, pero con un dedo índice hacia abajo y el puño francamente cerrado
indicaron a la mesa que no se pensaban ir a ningún lado hasta haber decidido el
calendario de movilizaciones. Son los mismos que en la reunión del 31 supieron
arrebatar el micrófono al "Follonero", actor cómico asalariado de la
Sexta, Mediapro y sus socios en el gobierno, cuando el moderador le dio el
turno de palabra y él se subió al escenario a hacer el payaso. Es un gustazo
saber que, dentro de este incipiente movimiento, hay profes conscientes de que
la conversión de su lucha en un espectáculo televisivo se volverá en contra de
sus intereses. Sin embargo, anteayer por la noche, mientras el programa
"La Noria" de la cadena de televisión Telecinco (propiedad de Silvio
Berlusconi, en asociación con los dueños de Vocento) emitía en directo su
programa de cotilleos desde la sede de Vitrubio, me quedaban dudas de que esos
profesores conscientes fueran a ser los suficientes.
Pasadas las 7 de la tarde, y una vez desactivada la treta del show, los
delegados de las diferentes asambleas de centro y zona seguían exponiendo sus
acuerdos sobre la tarima de la sede de UGT, confirmando que la opción de la
huelga indefinida de martes, miércoles y jueves era la herramienta de lucha
elegida por la mayoría de los profesores de Madrid, y que la opción de un
comité de huelga paritario era el mecanismo elegido para la futura negociación.
Entonces, sintiendo el agua en el cuello, a la moderadora de CCOO se le ocurrió
un nuevo argumento para que aquella reunión no se convirtiese en una verdadera
asamblea y todos los delegados se volvieran a sus casas sin haber consensuado,
o votado, una solución. Consistía en decir que los delegados de las diferentes
asambleas no eran realmente delegados, sino portavoces, mensajeros, gente sin
capacidad de decidir.
Como les dijo un estupendo profe desde el atril, los delegados sabían
perfectamente lo que sus respectivos grupos habían tratado en sus órdenes del
día, eran lo suficientemente responsables como para gestionar sus acuerdos y no
ir a pronunciarse sobre asuntos sobre los que su asamblea de zona o centro no
había sido consultada. Y los asuntos sobre los que no había acuerdo, por lo
general, tenían que ver con la cuestión peliaguda de si extender la
movilización a la enseñanza primaria o no, o si hacer encierros y acciones
unitarias o llevarlas a cabo independientmente por barrios o institutos. En
cambio, los delegados sí habían traído muy muy clara y por escrito la decisión
de sus compañeros de no secundar una huelga el día 14, la adopción del modelo
de huelga indefinida de tres días durante semanas consecutivas hasta la
retirada de las medidas y la constitución de un comité de huelga paritario,
blindado a la traición.
Por desgracia, el globo sonda guindado por la mesa tuvo cierto efecto. Algunos
de los delegados de la sala se compraron el argumento y empezaron a dudar sobre
su propio proceso de empoderamiento. En el interior de cada uno seguramente se
vivía un viejo debate ideológico, de grandísimo calado y de cuya resolución
depende, muy probablemente, el futuro de la contestación social en España. Es
la lucha entre el viejo sistema de la democracia representativa, y la nueva luz
del asamblearismo y la autoorganización. Este segundo sistema, el asambleario,
ha sido impulsado en este país por el Movimiento Sol con una fuerza desconocida
desde aquel año 68 del que hablábamos antes, o tal vez desde la Revolución
Social de hace tres cuartos de siglo. El modelo asambleario, horizontal, donde
todos los que participan están llamados a no delegar y tomar decisiones en
favor del colectivo, se la está jugando en estos días, muy concretamente a
propósito de esta movilización de los docentes de la enseñanza pública en
Madrid. Si las estructuras representativas maquinadas y subvencionadas por el
Estado consiguen atascar ahora al creciente movimiento asambleario, es probable
que el salto del Movimiento 15M al ámbito crucial de las reivindaciones
laborales termine para siempre, o por un buen montón de tiempo, en el olvido. Y
si el modelo asambleario no consigue afectar los tajos, las cabinas de los
trenes, los camiones y los autobuses del Estado español, las aulas del
movimiento obrero, es probable que la luz del Sol se vaya extinguiendo poco a poco
y las asambleas constituidas por todo el territorio después del 15-M se queden
ancladas en esa función simbólica, lúdico-reivindicativa, que hasta ahora ya
han conseguido desempeñar. Los medios de comunicación hegemónicos se encargarán
con el tiempo de convetir al 15M, una vez más, en un simple show que no ponga
en riesgo los intereses de quienes verdaderamente llevan la batuta y tienen
todo el poder.
Consciente o no de la profundidad de lo que allí se estaba dilucidando, la mesa
intentó barrer hacia el modelo obsoleto de la representatividad. Sobre el
estrado de la sede de UGT, la delegada de STEM proclamó "ex cátedra"
que no había otra forma de asamblea que la que ellos habían planteando desde
hace no sé cuántos años. Inmediatamente, la moderadora de CCOO sugirió al
público que ella venía en representación de los 2.000 profesores que la habían
votado en las últimas elecciones sindicales. Ese argumento resultaba
francamente torticero, y más habida cuenta de que ellos mismos, los
representantes de los sindicatos amarillos, ya habían dicho por activa y por
pasiva, en esa reunión y en las anteriores, que la huelga era de los
profesores, que dependía exclusivamente del compromiso de estos para que
saliera adelante, y que ellos simplemente pondrían a disposición del
profesorado la estructura organizativa y el asesoramiento técnico. Básicamente,
lo que la liberada de CCOO estaba diciéndoles a los delegados de las distintas
asambleas es que, en una asamblea constituida soberana y exclusivamente para
gestionar las movilizaciones de los profesores en las próximas semanas, valían
más los votos de las elecciones sindicales que con rutina el Estado había
convocado en los institutos hace no sé cuántos meses, que los acuerdos que los
propios delegados habían recogido esa misma mañana o el día anterior. Era el
mismo argumento de Esperanza Aguirre cuando clama ante las fuerzas del orden
público para que desalojen a los acampados en alguna de las plazas de Madrid,
porque a ella le ha votado el 25% de los habitantes de esta región, y a los
acampados no.
Al final, como los delegados insistían en reclamar su capacidad de decisión, lo
que se propuso desde los sindicatos era una nueva consulta exprés a todos los
profesores de secundaria preguntándoles acerca de un único punto: si querían o
no la huelga del día 14. Después de haber escuchado la decisión soberana de
casi toda la ristra de asambleas de centro y zona, y que era taxativamente
"no al paro-paripé del día 14 y sí a un día de lucha en esa fecha, pero
sin huelga", los sindicalistas a sueldo, para salvar el culo, decían que
no podían dejar resuelto ese tema y desconvocar ahí mismo, sino que antes
tenían que hacer una consulta por correo electrónico a todos los profesores de
Madrid. Ahí la comparación con las asambleas surgidas bajo el paraguas de Sol
se me hacía otra vez ofensiva. Me imaginaba al concejal de Cultura y Deportes
del municipio de Fuenlabrada, por ejemplo, presentándose todos los sábados a la
asamblea popular de su pueblo, arramplando con la moderación, e impidiendo a la
gente que aprobase la publicación de un comunicado, o la convocatoria de una
concentración, porque él tenía que preguntarles antes su parecer a los 10.000
vecinos que habían votado a IU en las últimas municipales.
La reunión se estaba tensando mucho hacia las 9 de la noche. Frustrados ante el
bloqueo que les ejercía la mesa, los profesores se les estaban subiendo
literalmente a las barbas a los sindicalistas de profesión. Incluso la delegada
por Getafe se encaramó en el estrado y dijo que no se movía de allí arriba
hasta conocer la fecha, el lugar y la hora exacta de la próxima asamblea
general, donde quedase aprobado de una puñetera vez un calendario claro de
movilizaciones con el que estuviera de acuerdo la mayoría de los profes
movilizados en Madrid. Se mascaba en aquel auditorio algo parecido a una
rebelión.
Con el agua al cuello, la mesa lanzó su último órdago: "Ya a estas horas
no se puede decidir nada, muchos de los delegados han abandonado la sala
ya". Este humilde redactor no sabía si reírse o llorar después de todas
esas horas pegado a la butaca. La comparación con lo que había visto
recientemente en las asambleas populares de los barrios de Madrid, me terminó
de decidir por la segunda opción. Era como si en la Asamblea Popular de Pueblos
y Barrios de Madrid, que se constituye cada quince días en la plaza del Carmen,
o en el propio Sol, no se pudiesen alcanzar consensos cada vez que el portavoz
de la asamblea del Barrio de la Latina se ausentara para orinar, o por la razón
de que el portavoz de Moratalaz no hubiera ido, porque se le había alargado una
comida familiar.
Al final de la reunión, rondando ya las 10 de la noche, el desbarajuste era
total. Los 5 empresarios de la mesa, en conciliábulo, decidieron recurrir a su
última opción: "Que salga Agustín", murmuraron ellos. "¡Que
salga Agustín!", gritó la clap de Comisiones Obreras desde el sector del
central izquierdo de la sala.
Allí apareció el mago de la traición, esta vez ya sin chistera ni nada. Agarró
del pestorejo un conejo blanco y se lo mostró orgulloso a los demás delegados:
- No habrá huelga el día 14, será una jornada de lucha sin más.
El público gritó: "¡Bieeeeeen!"
- Habrá huelga indefinida de tres días, 20, 21, 22, continuada a la semana
siguiente con encierros, concentraciones, pantomimas, cartas de recomendación,
blabablá, blablablá...
El público gritó: "¡Bieeeeen!" Menos un pequeño reducto de delegados,
que aún permanecía despierto, y que recordó:
- Pero con huelga también en la segunda semana, ¿no Agustín?
Y a Agustín el conejo blanco le empezó a patalear un poco, allí suspendido ante
tanta tensión:
- Sí, sí, por supuesto, y huelga la segunda semana también - dijo Agustín
Moreno, el sindicalista de CCOO.
Así terminó la supuesta asamblea general del pasado día 8 de septiembre en la
sede de UGT en la Avenida de América de Madrid. Al día siguiente, aparecieron
las actas públicas de dicha reunión, y no se mencionaba por ningún lado la
huelga indefinida. Nada más se supo de los datos recopilados aquel día, que
hasta el momento en que se hicieron públicos determinaban que un 57 % de los
profesores de Madrid estaban dispuestos a ir a una huelga de tres días por
semana (martes, miércoles y jueves) con carácter indefinido hasta la resolución
favorable del conflicto, y que otro 16%, además, estaba dispuesto incluso a una
huelga indefinida total, los cinco días de la semana. En total, un 73% de los
profesores de secundaria en Madrid querían una huelga indefinida.
Hoy día 13 de septiembre de 2011, siendo de mañana, las cinco corporaciones
sindicales mayoritarias en el sector, han revelado su traición: han convocado
solamente dos paros de profesores de enseñanza secundaria, uno el día 20 de
septiembre, y otro el 21. Ni hablar de huelga indefinida. En vez de tres días
para empezar, que sean dos días de mierda y se acabó.
A las pocas horas, la Asamblea de Docentes en Lucha, constituida ayer día 12 de
septiembre en el Parque del Retiro de Madrid, ha publicado un comunicado
consensuado en la tarde de ayer, llamando a secundar la huelga que de verdad
quieren los trabajadores de la enseñanza pública en Madrid, y ampliando la
convocatoria a todos los niveles y modalidades de la educación. Quieren hacer
una gran asamblea, soberana, horizontal y verdaderamente transparente, en el
CSOA La Traba el próximo día 15 a las 6 de la tarde. Les apoyan la Plataforma
Soy Pública y la Plataforma de Interinos de la Comunidad de Madrid (PICAM), que
hoy tiene una asamblea abierta a las 6 de la tarde en la plaza de Las Descalzas
del centro de Madrid. Cuentan con el apoyo de los sindicatos CNT, CGT y
Solidaridad Obrera, que de momento ya han solicitado el permiso de huelga para
los días 20, 21, 22, 27, 28 y 29 de septiembre.
http://soypublica.wordpress.com/2011/09/13/comunicado-de-la-asamblea-de-docentes-en-lucha/
Veremos quién puede más: el conejo o el cristal.
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