Desde hace varios años en el conocido parque de
El Flori se realizan unas fiestas con motivo de la noche de San Juan,
este año, tras el recorte de libertades y la prohibición de la Junta de
Distrito a realizar los conciertos, prolongar la fiesta dos días y
desplazar la hoguera a otra plaza cercana, como había sido siempre. Se
realizó una fiesta popular donde se congregaron alrededor de mil
quinientos jóvenes a beber, charlar y disfrutar de la noche más larga
del año con su gente, entre amigos y amigas en un ambiente distendido,
fuera de los antros/discos donde beber no es delito.
Sobre las 2h de la madrugada se habían acabado las actividades lúdico
festivas y la música. Cuando unos 90 minutos más tarde y después de que
la Policía Municipal estuviera constantemente vigilando el recinto se
adentraron como quince agentes por mitad del parque, en ese momento se
ganaron los gritos de repulsa de los jóvenes que hartos de aguantar la
actitud chulesca de dicho cuerpo que atosigan diariamente a la
juventud, como si la mierda de educación, créditos bancarios, los
sueldos basura y la mafia del ladrillo no fuera ya una buena forma de
represión a las mentes emprendedoras/idealistas de los jóvenes. Después
de ese intento fallido de intentar poner fin a la fiesta la actitud
provocadora de la policía fue constante, paseando en grupos de diez por
mitad del parque hasta que se pusieron los cascos [provocando más si
cabe] y la gente lejos de amedrentarse contestó gritándoles y arrojando
botellas, piedras y todo lo que veían por el suelo, para ceñirnos a la
realidad debemos de indicar que el alcohol [nos guste o no] fue pieza
clave para el arranque de dicha furia desatada, botellas y botellas
hicieron retroceder como cuatro veces a la policía teniendo que meterse
en los coches patrulla y alejarse del lugar mientras no les dejaban de
caer objetos con más o menos acierto, en dicho embate varios patrullas
sufrieron daños materiales y hubo varios contusionados. Después de
varios intentos por parte de la policía para retomar el control
tuvieron que replegarse durante más de media hora en las calles
adyacentes esperando refuerzos de agentes antidisturbios apoyados por
un helicóptero para después rematar la faena a base de golpes, porras y
chulería barata, aún así los jóvenes no dejaron de contestar al grito
de "asesinos" "a por ellos" y demás improperios, no menos merecidos,
contra las autoridades policiales y la mierda de sociedad que protegen.
Se desconoce si hay detenidos aunque es lo más probable, ya que
fueron varias cargas policiales y de lo que si se tiene constancias es
de varios heridos tanto por porrazos como por contusiones de los
propios objetos tirados por la multitud.
Al final sólo quedaron los restos de una batalla campal, cristales
rotos, contenedores cruzados en las calles aledañas y los restos de una
noche de fiesta fraguada por los correctivos que el Ayuntamiento quiere
dar a los jóvenes que no vayan a las discotecas a emborracharse y que
además rompan su bonita paz social de plástico.
Este tipo de sucesos son mucho más habituales de lo que pensamos y
sería falso ver este tipo de actos de respuesta como un potencial
revolucionario más allá de lo que es, pero sucede por que el pulso que
diariamente mantenemos los jóvenes con la basura de educación, con el
trabajo en general, la represión nociva que se vive en las plazas y
lugares de toda la ciudad en cuanto te sientas con cinco amigos a
charlar, beber un rato y fumarte un porro, con tantas y tantas cosas
que son innumerable ponerlas aquí todas, es tal el grado de esclavitud
la que vivimos que cuando te pinchan y te pinchan pues terminas
reventando toda la miseria que ellos engendran. Sucesos como los
vividos en Francia, Chile o Grecia, de enfrenamientos callejeros,
derogación de leyes a base de días y días tomando las calles, son tan
arrolladores porque carecen de contenciones y se basan en la
espontaneidad como modelo contestatario y con ello no decimos que no
tengan o haga falta estrategia pero no se rigen por gurus ni
organizaciones capitalizadas por la burocracia como suele pasar aquí
cada vez que el Poder nos da una vuelta de tuerca más.
Este tipo de trifulcas aisladas no dejan de demostrar el grado de
saturación que vivimos y dejan entrever que los jóvenes no nos creemos
las mentiras de los políticos, vayan/mos o no luego a votar, que la
autoridad como tal la terminamos asumiendo [sino las cosas no estarían
así] pero no la respetamos cuando es ella la que nos provoca.
En cada botella lanzada había un cachito de rabia por sus mentiras, sus
putos parquímetros, las obras de la M30, las multas, la chulería
policial, la represión mental, el trabajo, la mierda de sanidad, sus
promesas de palo, los dulces con los que nos intentar comprar y su
basura/pantomima/zoológico/fraude de democracia/tas.
Esta noticia/reflexión no es más que una pequeña aportación de las
cosas que suceden que por los barrios de Madrid, que nos tendría que
hacer pensar hacía donde y por dónde vamos.
Es muy posible que en esta narración se escapen mil detalles ya que
está contado desde el sobresalto y la sorpresa de la improvisación.
Ver También: