Pedro Casas
Las presentes son unas reflexiones sobre los resultados de las recientes elecciones celebradas en Madrid. Pretenden ilustrar lo acontecido, en cierto modo desde una perspectiva de los movimientos sociales, y tratando de analizar la sociedad en la que tratamos de influir, no para mortificarnos, que eso es demasiado habitual, sino para intentar comprenderla si de verdad queremos transformarla. En otro artículo dedicaré la atención a aspectos de los movimientos sociales madrileños que permiten una cierta esperanza ante los cuatro duros años que nos tocará luchar, y otras debilidades que convendrá corregir si queremos que el esfuerzo nos luzca.
En Madrid ha ganado la extrema derecha, por un margen más que preocupante, y eso se ha debido a tres factores principales:
• Madrid, capital del estado, y comunidad autónoma de indudable trascendencia económica y política, es por ello algo más de lo que se cuece dentro de sus límites municipales y autonómicos. Sólo el PP, de entre los partidos mayoritarios, se ha presentado con un discurso y propuestas que tenían una perspectiva nacional. No olvidemos que ha sido el lugar donde se han concentrado las movilizaciones de esta extrema derecha contra aspectos importantes de la política del gobierno central (matrimonios del mismo sexo, proceso de paz, educación no confesional). Pretender gobernar la capital del estado y una de las comunidades autónomas más relevantes sin definirse sobre estas cuestiones nacionales, es, o una ingenuidad, o una cobardía, sobre todo por quienes se presentaban por el partido que gobierna el estado. No olvidemos que una de las cosas que hizo grande a Tierno Galván fue su desprecio público por Reagan cuando se negó a saludar a un alcalde marxista en su visita a España.
• En el terreno de las propuestas concretas, al que han tratado de limitarse los candidatos de los partidos de la oposición, éstos han chocado con el abrumador balance que fue capaz de presentar el partido que había gobernado los últimos lustros en uno y otro ámbito. La llamada izquierda, en los años que gobernaron (salvo en Los primeros años 80) no sólo no fueron capaces de realizar el reequilibrio territorial del que ahora quieren hablar, sino que abrieron la puerta a la precariedad laboral, al desmantelamiento de la industria, a la privatización de los servicios públicos, lo que indudablemente el PP ha llevado a límites casi impensables, y que me temo que tendremos que sufrir, si no somos capaces de paralizar desde los movimiento sociales.
• Por último, y en consonancia con otras voces más autorizadas que la mía, el electorado (categoría de por sí conservadora) parece avalar este desarrollismo infernal, destructivo y corrupto, mientras puedan participar del pastel. Son muchos los que han visto crecer sus inversiones especulativas, los que su patrimonio inmobiliario ha aumentado en valor (aunque su piso tenga el mismo valor relativo o menor si pretenden cambiar de residencia), los que han encontrado más posibilidades de trabajo e ingresos con las colosales obras (aunque sea a costa de trabajar más horas y en precario). Pero parece ser cierto que muchos miramos nuestra cuenta o nuestros bienes personales antes que lo que ocurre a nuestro alrededor. La consecuencia de un mundo cada vez más desigual es el aumento de la precariedad y la delincuencia, pero para eso, la mentalidad individualista y consumista que se está instalando en nuestra sociedad sin que seamos capaces de pararla, lo que reclama es, más que proyectos sociales cuya repercusión es a medio y largo plazo, mayor seguridad en nuestra finca (casi todas las nuevas urbanizaciones vienen con su guarda jurado) y en las calles, con policías y cámaras de vigilancia por doquier. Y eso por no citar el latente rechazo al inmigrante, no sólo como potencial delincuente, sino como competidor de unos servicios (por ejemplo vivienda) cuya oferta por los poderes públicos es cada vez más escasa. Por desgracia parece que nos vamos instalando en el fatalismo religioso que acepta que haya ricos y pobres, y que la especulación es algo normal (“quien no roba es porque no puede”). Y esto puede explicar que en Marbella gane por mayoría absoluta el PP, que en Valencia haya sucedido como en Madrid, que los procesados por corrupción hayan sido reelegidos, salvo escasas excepciones.
Junto a estos factores quiero mencionar otros que considero también relevantes
• En la reelección del PP (que hay que recordar sólo obtiene un apoyo de poco más de la tercera parte del conjunto del electorado) se están produciendo cada vez más fenómenos de voto cautivo, de sectores precarizados y a los que los empresarios hacen ligar su permanencia en el trabajo con el voto a determinada opción política, junto con el voto por correo que habrá que investigar cada vez más (no olvidemos que un juez no permitió el voto por correo en las elecciones al Real Madrid, y por algo sería).
• Respetando el legítimo derecho a la abstención, hay que recordar a muchos que, nos guste o no, el actual sistema configura gobiernos en función del resultado electoral. Las luchas sociales son imprescindibles para cambiar el rumbo de muchas políticas, pero por muchas que ganemos, hay un montón de decisiones que se toman desde los gobiernos, y no es lo mismo que gobiernen unos a que gobiernen otros. La lucha social, sin la capacidad de cambiar gobiernos, se autolimita, lo mismo que reducir el pretendido cambio a la mera participación electoral. Son dos formas de lucha, y para conseguir victorias y avances sociales, es necesario luchar en ambos frentes, por la trascendencia de ambos.
• Es destacable el hecho de que localidades gobernadas por el PCE hace décadas, hoy se encuentran en manos del PP. Unas políticas que no se preocupan de inculcar valores diferentes en la población, se convierten en mera gestión, que derivan en lo que Felipe González sentenció en su día: “Gato negro o gato blanco, lo importante es que cace”; y no sabemos a qué caza se refería, pues, además, algunos dirigentes del PSOE o de IU se han dedicado también en este tiempo a “cazar” en provecho propio. Entre el original y la fotocopia, “la gente” (que no se merece el desprecio con la que la tratamos a menudo) prefiere el original.
LQSomos. Pedro Casas. Junio de 2007
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Los movimientos sociales frente a la extrema derecha madrileñaMuy de acuerdo con el artículo. La sociedad madrileña está virando a la derecha, en primer lugar por culpa de los partidos que se llaman de izquierda, y en segundo lugar por la falta de unión entre los movimientos sociales.
No se hasta que punto los empresarios te pueden obligar a votar determinada opción política. Agradecería pruebas de esta afirmación que no apelen a mi alienación como esclavo del sistema capitalista. Gracias
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