Acerca de lo sucedido en torno al ocho de marzo.
El 8 de marzo es el día histórico de celebración internacional de las
luchas de las mujeres. Este año coincide con la jornada de reflexión y
la Delegación de Gobierno de Madrid y el Tribunal Superior de Justicia
de Madrid han considerado que su celebración “puede quebrar el
necesario clima de reflexión y de neutralidad ideológica”. No han
considerado lo mismo las Delegaciones en Bilbao, Valencia, Barcelona o
Pamplona, donde nuestras compañeras podrán celebrar libremente y sin
acosos electoralistas la lucha de las mujeres ¿Es que allí se altera
menos “el clima de neutralidad” o es que los motivos para querer que
salgamos el 7 responden a otros intereses más oportunistas?
Argumentan que podemos violentar el libre ejercicio del derecho de
sufragio… Y por eso es legítimo limitar nuestro derecho de reunión y
manifestación; coartando nuestro libre deseo de estar en las calles,
reivindicando lo mucho que aún nos queda por conseguir y festejando
juntas lo logrado.
Estamos ante una colisión de derechos, dicen. Estamos ante un atropello
más de los derechos de siempre, los de las mujeres, decimos nosotras.
¿Se habrían atrevido a imponer que la manifestación del 1 de mayo se
celebrase el 30 de abril? Es más, ¿se habrían atrevido siquiera a
convocar elecciones el 2 de mayo? ¿No será, más bien, que los derechos,
deseos e intereses de las mujeres han quedado, una vez más y de forma
impune, en tercera fila?
Esta decisión no aparece suelta, sino en un contexto donde nuestras
reivindicaciones son loadas y utilizadas como ornamento electoral.
Instrumentalizadas. Pero cuando las buenas palabras, las leyes
decorativas pero con poco contenido y menor aplicación, han de
traducirse en cambios cotidianos, ahí ya no se llega. Esto lo vemos más
claro que nunca este año con la ofensiva conservadora contra el derecho
a la interrupción voluntaria del embarazo. Ofensiva posible porque,
tras múltiples legislaturas socialistas, no se ha hecho nada con la
legislación sobre el aborto y sí mucho en la desatención a las mujeres.
¿Cómo se explica esto si no por la connivencia de derecha y cierta
izquierda en este eterno delicado tema? Y es que ahí, en el compromiso,
duele.
Aceptar que las mujeres tenemos voz propia y deseamos gritarla el día
8, sin estar sujetas a ningún compromiso partidista, eso duele. Porque
supone escucharnos, y supone que no pueden utilizarnos para ventear sus
supuestos méritos en pro de la igualdad, como sí harán el día 7.
No querían un 8 de marzo que pudiera ser reprochado o ingobernado, pero
sí, quizás, un lucido 7 de marzo, al que acaso se sumaran algunos
autobuses de más fletados por el PSOE como broche femenino dirigido a
legitimar una larga marcha hacia la institucionalización del feminismo.
Este hecho nos demuestra la fragilidad de confiar nuestras
reivindicaciones a las instituciones y de plegar nuestras luchas al
estrecho margen de acción que nos predefinen. Queremos que las
instituciones respondan a nuestras exigencias; no queremos que nos
autoricen, ni nos tutoricen, ni nos marquen el corsé de lo que podemos
o no decir, ni cuándo podemos o no decirlo. La facilidad con que se
viola un derecho que creíamos al menos parcialmente conquistado, como
es el del aborto, nos vuelve a recordar los riesgos de confiarnos al
marco institucional.
Hoy somos más conscientes de que la estrategia de institucionalización
seguida a ciegas por cierta parte del movimiento feminista y de las
organizaciones de mujeres tiene un horizonte reivindicativo muy corto.
Y el estrechamiento de los vínculos entre algunas de estas
organizaciones y los partidos tiene un horizonte viciado, de
supeditación propia y de voluntad de control de quienes reclamamos
nuestra autonomía.
Nos sentimos enojadas por no poder celebrar libremente y sin acosos
electoralistas la lucha de las mujeres, como sí podrán hacer nuestras
compañeras de otras ciudades. Estamos convencidas de que los intereses
partidistas han jugado un papel central a la hora de imponer que la
manifestación del 8 de marzo se celebre en Madrid el día 7. Nuestros
derechos se convierten en moneda de cambio, en rédito electoral, en
materia de negociación. Y esto hace más patente la hipocresía de la
supuesta defensa de los derechos de las mujeres que todos los partidos
aseguran buscar. La lucha por la igualdad es una medalla que todos
quieren colgarse, pero a la hora de la verdad se muestra como un
objetivo vacío, son palabras huecas.
Y a pesar de todo, porque seguimos juntas y lúcidas, estamos aquí,
alegres, para reclamar, como todos los años, pero más aún este 2008, el
derecho a nuestros cuerpos, a nuestras sexualidades diversas, a tomar
nuestras propias decisiones. Para afirmar que, más allá y más acá de
las elecciones, hay vida. Que nuestros deseos y necesidades laten a
ritmo propio, no al del calendario que se nos impone de forma
oportunista. Y estamos seguras de no estar solas.
Quizá este 8 de marzo nos encontréis en las calles, sin la bendición
institucional, a nosotras y a otras, múltiples, diversas, anónimas,
ciudadanas del día a día. Porque NOS HAN QUITADO EL DÍA, PERO NO LA VOZ:
MI CUERPO, MI DECISIÓN, NUESTRO DERECHO
ABORTO LIBRE Y GRATUITO
En Madrid, el 8 de marzo de 2008… Manolo, Manolito, ¡reflexiona tú solito! ADHESIONES:
Aldarte (Bilbao)
Asociación Bonitas
Asociación de Mujeres Clara Campoamor
Asamblea de Mulheres de Vigo
Casa Pública de Mujeres la Eskalera Karakola
Colectivo de Mujeres de la Casa de la Moneda
Colectivo de Sororidad de Madrid
Comando G
Cortocircuito (Colectivo de Producción Audiovisual Feminista)
El grito de las Brujas
Envideas (Producción audiovisual feminista)
Genera
GTQ (Grupo de Trabajo Queer)
Herstory (Distribuidora y Archivo de Materiales Feministas)
La Acera de Enfrente
Laboratorio Feminista
LadyFest/ Patio Maravillas
Las Federicas, tejiendo salud
Las Rudas (Zaragoza)
Las Tejedoras
Luna Zine, Publicación Feminista
Medeak (Donosti)
Mujeres conectando luchas
Mujeres del CAES
Plazandreok (Plataforma Política de Mujeres, Euskadi)
Secretaría de la Mujer de CGT Madrid- Castilla La Mancha
Vindicación Feminista
Xarxa de Les Dones Inmigradas a Catalunya
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