Sanchez Dragó
Tal y como dijo en una entrevista: "O Zapatero se va del Gobierno, o yo del país" Sanchez Dragró emigra del Estado español este viernes rumbo a África.
EL LOBO FEROZ: Shakespeare
La niña de Rajoy no es socialista. La niña de Rajoy no se llama Victoria ni Consuelo. La niña del PP, que ya no es de Rajoy ni se asoma a su balcón, tiene nombre de virtud teologal: se llama Esperanza.
Los cánones me constriñen a hablar de las elecciones. Preferiría no hacerlo. ¿Qué sucedió el domingo? Nada. Yo, por la mañana, escribí, por la tarde me fui de juerga y por la noche seguí con desapego budista el guirigay de las televisiones. Hoy, lunes, pienso por la mañana en Shakespeare y escribo, por la tarde grabaré Las Noches Blancas y a eso de las doce y algún ernesto apareceré junto al reloj de la Puerta del Sol en Telemadrid. La política es virtual: no altera la vida. Ésta sigue. Antón Zapatero, digo, Pirulero: cada cual atiende a su juego. Enseguida explicaré lo de Shakespeare, pero, antes, santa Teresa. Viene al pelo. Sólo los místicos dicen verdad, y la abulense decía: Nada importa; y si importa, ¿qué pasa?; y si pasa, ¿qué importa?
Pienso en Shakespeare y cito a Teresa porque es hora de cantar verdades. ¡Váyase, señor Rajoy! Usted, seguramente, habría gobernado bien, pero como líder de la oposición lo ha hecho tan rematadamente mal como en parecida, aunque inversa, circunstancia lo hiciese Almunia. Tenía enfrente al peor jefe de gobierno que España recuerda. Cualquier otro político, en cualquier país del mundo, le habría sacado veinte puntos de ventaja. Usted no lo ha hecho. Ha sucedido lo que todos, incluso sus correligionarios, sabíamos que iba a suceder. Por su culpa ―culpa, digo, y no sólo causa― nos toca pechar otra vez con Zapatero. A mí, se lo aseguro, me da lo mismo, porque el viernes me voy a África y luego a la India, pero lo que el replicante monclovita haga ahora con España será difícil de deshacer.
Si Gallardón hubiera ido en las listas… Vale, vale. Lo dejo. Esa reflexión ya no sirve para nada. O quizá sí. Lo aclaro.
¿Shakespeare? ¡Ojalá tuviésemos uno! ¡Ojalá hubiese aquí alguien capaz de escribir una tragedia de aliento isabelino con todas las personas y pasiones que desde aquel 11 de marzo, día de los Atridas, los Montescos y los Capuletos, se han cruzado, y han cruzado sus armas, entre los bastidores de la alta política! Antonio, Bruto, Julio César, Cleopatra, Macbeth y Lady Macbeth, Timón, Coriolano, Hamlet, Tito Andrónico, Yorick y hasta alguna que otra alegre comadre. Todos andaban por allí. Algunos ya han hecho mutis, aunque no lo sepan o no lo digan. Es lo que tienen las tragedias: terminan mal.
¿Para todos? No. Esperanza, aunque no se llame María Cristina, nos quiere gobernar, y lo hará. Madrid lo ha dicho. Toca mujer, no hay otra mejor ―no lo es Sonsoles― en el tinglado de la antigua farsa y se ha librado de todos sus contrincantes. Como Judit, como Salomé, ha cortado las dos cabezas justas ―la de Holofernes Rajoy y la del Bautista Gallardón― de un solo tajo. Impecable e implacable inteligencia política. Estoy contento. Se van del PP los socialdemócratas. Llegan los míos. Es la hora de los liberales
Publicado por otromadrid.org | 12/03/08 - 01:07 | 0 Comentarios
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Lunes 21 de Julio 2008