José Javier González de la Paz
Contemporáneo de “El Eco de la Clase Obrera” fue “La voz del Pueblo” e, incluso, colaborador en algunas campañas, como en la de recogida de firmas por la legalización del asociacionismo. Su primer número vio la luz el dos de octubre de 1855 y la dirección nominal corrió a cargo de Roque Barcia. Decimos nominal porque estuvo fuera de España desde el veinte de octubre hasta fin de año y el periódico saco su último número el veinte de enero de 1856.
Roque Barcia es un personaje muy controvertido, hiperactivo, disperso pero genial, íntegro con todo aquello que pensaba –aunque lo pensara él solo- Lo estudió todo: Filosofía, lexicografía, filología, teología, historia, literatura; y todo lo utilizó en su militancia política, en el ala más izquierdista del Partido Demócrata. Combate la monarquía, la propiedad y el catolicismo –hasta es excomulgado- Menéndez Pelayo, en su “Historia de los Heterodoxos” (vol.II, p.1.070) lo calificó de un cierto protestantismo liberal, pero Roque va mucho más allá. Escuchémosle: “No quiero la razón helada de Lutero ni de Calvino… Yo, hijo de Jesucristo, hijo de su cruz y de su palabra; yo, Jesucristo mismo como creencia y como historia, quiero que la religión que yo adoro abra un juicio a los que se llaman doctores suyos y que sean medidos de los pies a la cabeza por el sentimiento cristiano”. La principal diferencia existente entre “El Eco…” y “La Voz…” es que ésta tenía registro como periódico político y podía entrar en temas que el primero no. Aún así, su vida fue casi igual de breve y accidentada debido al continuo tropiezo con autoridades y leyes de imprenta.
En las ausencias de Barcia ejercía como director Romualdo Lafuente y los redactores principales eran Pi y Margall y Antonio Ignacio Cervera. También nos seguimos encontrando con colaboraciones habituales de Fernando Garrido, aunque ya no forma parte del cuerpo de redacción porque su activismo político en Cataluña se lo impide.. También nos empezamos a encontrar con las primeras publicaciones de un tal José Mesa, un joven cajista llegado de Málaga y del que nos ocuparemos ampliamente más adelante. Como se ve, todos ellos representantes destacados del sector más combativo del republicanismo. Y esa es la orientación del diario: demócrata y defensor de soluciones avanzadas en materia política y social. Este periódico sí buscaba llegar a la clase obrera de Madrid, y no dudó en elaborar un ambicioso proyecto con este fin. En su proyecto de presentación nos anuncia que contará con una edición matutina normal al precio de ocho reales con todo tipo de secciones (moda, espectáculos, chismografía, folletón); otra vespertina, con formato y contenidos reducidos, a sólo cuatro reales, “uno de los periódicos más baratos y asequibles a las clases del pueblo”; y una tercera edición semanal, que saldría los lunes, destinada expresamente al proletariado y a sus asociaciones, “deseosos de facilitar más lectura a las clases trabajadoras y prestar un servicio a las asociaciones obreras hoy tan perseguidas”. Esta edición costaría sólo cuatro reales , un trimestre; seis reales, un semestre; diez reales, un año. Pero este proyecto nunca pudo llevarse a cabo.
“La Voz del Pueblo”, además, sufría aún de una paradoja: por un lado seguía mostrando el rostro conciliador de los utopistas (“Conviene oír a las dos partes: el capital y el trabajo, conviene que, frente a frente, uno y otro expongan y combatan sus pretensiones y se esté por lo que arrojen de sí los debates”); por otro, optaba por un camino ya propio en la defensa del obrerismo combativo (“Es enemigo de la clase obrera todo el que la supone instrumento de un partido, todo el que trata de desvirtuar los esfuerzos con que pretende evitar su ruina haciendo frente a la tiranía del capital, o lo que es lo mismo, a las infundadas exigencias de los dueños de establecimientos”)
Pero Madrid seguía sin estar preparada para este tipo de prensa y, prácticamente, no lo estaría hasta finales del siglo. Los vendedores de “La Voz…” también eran asaltados y boicoteados, así que, entre eso y las trabas legales duró sólo cuatro meses. Sin embargo, nos dejó una gran herencia que vería su fruto en el siguiente periódico que vamos a visitar y cuya relación con la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.) es más que directa, casi orgánica. Por fin, el sindicalismo. Mientras tanto, entre 1856 y la revolución de 1868, nacen , se desarrollan y mueren muchos periódicos, producto de las discusiones entre los grupos que convivían en el seno del Partido Demócrata. Así El Pueblo, La Democracia, La Discusión, El Relámpago, El Carbonerín, y otros muchos hasta llegar a…
“LA EMANCIPACIÓN”
La necesidad de un periódico obrero en Madrid se hace sentir tras la desaparición de “La Solidaridad” (órgano de las secciones de la Federación Madrileña de la A.I.T. recién creadas) cuyo último número, el 49, vio la luz el veintiuno de enero de 1871. Las dificultades económicas habían acabado con el sueño de Anselmo Lorenzo y sus compañeros, junto al nuevo auge de las persecuciones tras la derrota de la Comuna de París.
Pero la fe en las ideas y la voluntad de lucha no conoce enemigos insuperables y muy poco después nace “La Emancipación”, que toma posiciones bien pronto para distanciarse de cualquier otro tipo de prensa, acusando de burgueses a periódicos pertenecientes al sector más radical del republicanismo socialista, entre ellos “La Justicia Social”, “La Igualdad” y “El Combate”. Estaba claro, se acabaron las alianzas de clase y la confianza en los más “progres” de los burgueses: a partir de ahora, toma de poder y revolución social.
El diario no tiene dirección. Se basa en un consejo de redacción y ningún texto está firmado, entendiéndose que todo el consejo asume la responsabilidad sobre ellos. Sólo Anselmo Lorenzo aparece como secretario del consejo ante asuntos oficiales, hasta que tiene que marcharse para encargarse de una misión, encargado por el Congreso de Zaragoza. En su carta de despedida no explica qué misión. Pero veamos quién es Lorenzo.
Nació en Toledo, en 1841, y se le conoce como “el abuelo del anarquismo español” porque fue uno de los primeros seguidores de este pensamiento político y existencial dentro de nuestras fronteras.
En 1871 participó con Francisco Mora y González Morando de la sección española de la Primera Internacional. Participó en el mismo año en la Conferencia de Londres de la A.I.T. (posiblemente, la misión que no especificó en su carta de despedida) donde defendió una posición revolucionaria no marxista y sí mucho más cercana a Bakunin. No digo totalmente porque el anarquismo latino y mediterráneo (francés, italiano, español y portugués) y dentro de él, el ibérico (hispano-luso) siempre ha tenido sus peculiaridades.
Se exilió en París tras verse afectado por el proceso de Montjuich (atentado que costó la vida a varios congregantes en la procesión del Corpus de Barcelona en 1896) y del que echaron la culpa a los anarquistas.
Tras ser indultado volvió y colaboró con la Editorial de la Escuela Moderna junto a Francisco Ferrer Guardia. Participó en el Congreso de Barcelona de 1910 y en la fundación de la C.N.T. En la actualidad, la Confederación Nacional del Trabajo cuenta con una fundación que lleva su nombre.
Murió en Barcelona en Barcelona en 1914.
Tras la salida de Lorenzo, “La Emancipación” sigue siendo un gran equipo humano, pero, su espíritu, su animador, es, ante todo, un hombre ¿Os acordáis de aquella herencia que dije antes que nos había dejado “La Voz del Pueblo”? José Mesa, aquel chaval que comenzaba a publicar, joven cajista malagueño, es ahora uno de los principales redactores de “La Emancipación”.
José Mesa Leompart nació en la localidad malagueña de Alhucemas en 1831. Fue tipógrafo, primero, y periodista después. Colaboró, para ganarse la vida, en La Moda Elegante y fue corresponsal en París de la Ilustración Española. Fue uno de los primeros internacionalistas madrileños y miembro del núcleo fundacional del P.S.O.E. También fue miembro del primer Consejo Federal de la A.I.T. española.
Desde el verano de 1871 se relacionó con Lafargue y fue cambiando lentamente desde el bakuninismo al marxismo .Junto con Pablo Iglesias y lo hermanos Mora fundó la Nueva Federación Madrileña, después de haber sido excluidos de la Internacional española. En 1874 se fue a Londres y allí entabló relaciones directas con Marx y Engels, que no cesaron hasta la muerte de éstos. También encauzó a Julio Guesde, fundador del Partido Obrero Francés,hacia las doctrinas marxistas y al mismo tiempo puso en contacto a Pablo Iglesias con las tácticas del marxismo francés. Murío en 1904 en Saint-Macaire, Gironde (Francia)
Entre sus traducciones destaca Miseria de la Filosofía, de Marx, y El Manifiesto Comunista, que publicó en “La Emancipación” en noviembre de 1872..
Otros redactores de “La Emancipación” fueron Hipólito Pauly (tipógrafo), Victor Pagés (zapatero) Francisco Mora (zapatero) y Paulino-Pablo- Iglesias (tipógrafo).
Mora también abandonó el periódico en el número 76, correspondiente al treinta de noviembre de 1872, y tampoco especifica por qué en su despedida.
Pero hay que insistir en que el alma de este periódico fue José Mesa, hecho reconocido hasta por su fundador, Anselmo Lorenzo, a pesar de mantener con el posturas ideológicamente enfrentadas, mucho más a partir de la publicación por parte de Mesa en las páginas del periódico de un largo artículo-ensayo titulado “la Política de la Internacional”. Ese texto desencadenó el proceso de escisión que serviría también como detonante para la desaparición de “La Emancipación” por sus enfrentamientos internos.
Su último número salió el doce de abril de 1873.
Un curioso, y yo diría que romántico personaje, tuvo relación con este periódico, porque, aunque no fue miembro del consejo de redacción, ayudó a la salida y confección del periódico, publicando en él numerosos textos. Me refiero a Paul Lafargue.
Nació en Santiago de Cuba el 15 de enero de 1842, pero con apenas nueve años de edad su familia –terratenientes en la isla caribeña- retorno a Francia, donde Paul se formó. Allí se hizo médico, periodista, teórico político y revolucionario.
Primero se adhirió a la política positivista y entró en contacto con los republicanos que se oponían a Napoleón III, pero le pudo la obra de Proudhon y fue como anarquista proudhoniano como Lafargue ingresó en la A.I.T.. Pero pronto conoció a Marx y Blanqui, quienes eclipsaron sus tendencias libertarias. En 1865 tras participar en el Congreso Internacional de Estudiantes , las universidades francesas prohibieron a Lafargue tener ningún otro contacto con ellas, por lo que el Consejo General de la A.I.T. le encargo de los asuntos con España, país en el que poco pudo hacer porque las asociaciones obreras españolas no entraron a formar parte de la Internacional hasta después de la Revolución de 1868, y cuando lo hicieron, la mayoría optaron por la vertiente bakuninista, gracias a la influencia que en sus muchos viajes ejerció el “apóstol” anarquista italiano Giuseppe Fanelli.
Volvió a París y participó en el episodio revolucionario de La Comuna. Tras el fracaso, volvió a España como exiliado y se dedicó a formar el incipiente núcleo marxista de la Internacional española. La última actividad política en nuestro país consistió en representar a esta minoritaria sección marxista en el Congreso de La Haya de 1872 y que significó el fin de la Primera Internacional como asociación unitaria de todos los socialistas.
Paul Lafargue fue yerno de Karl Marx, pues se casó con Laura, la segunda hija del ideólogo. A los 69 años de edad, el 26 de noviembre de 1911, Paul y Laura se suicidaron juntos, tal y como tenían planeado desde hacía mucho tiempo.
Para no perdernos en parcialidades y saber situar esta historia en otra más global que le de sentido, la semana que viene intentaremos enmarcar estos sucesos en el lienzo más amplio de la historia universal. Después llegaremos hasta el primer número de “El Socialista”.
José Javier González de la Paz,
Militante de C.G.T. y periodista.
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