Orígenes del Sindicalismo en Madrid (XVI): Reacción Burguesa ante el Obrerismo

Como siempre que se sienten en peligro, los 'liberales' y 'demócratas de toda la vida' no dudan en recurrir al fascismo para defender sus intereses

Enviado por José Javier González de la Paz | 06/07/08 - 19:47

José Javier González de la Paz

     Durante 1916 y 1917 se suceden en el Estado español y en Madrid varias movilizaciones de protesta. La huelga de ferroviarios de 1916 fue el pistoletazo de salida. El Sindicato de Ferroviarios decidió enfrentarse abiertamente a la Compañía del Norte para que se reconociera la capacidad del sindicato de  negociar en nombre de los trabajadores; también se pedían mejores económicas y otras de orden social, como el derecho a ser asistidos por médicos no dependientes de la Compañía o la concesión de un pase gratuito para viajar en tren a los empleados de la misma.

     También se sucedieron las protestas por el aumento del precio de los productos básicos de alimentación, sobre todo por el del pan, que se traducía en un auténtico robo por parte de los tahoneros, ya que, al no tener permiso para subirlo, recurrían a trucar las balanzas para pesar. Las autoridades no querían subir el precio para no echarse encima a las capas populares, pero hacían la vista gorda ante el trucaje. Pronto se instauró el repeso en las Casas del Pueblo y en las sedes de otras instituciones obreras, lo que demostró la estafa y llevo a la detención de algunos propietarios de panificadoras. Sin embargo, las  autoridades locales acabaron  tomando posición al lado de estos defraudadores y prohibieron los repesos, lo que hizo que las manifestaciones en las calles, sobre todo de mujeres, fueran constantes.

     Todo esto va llevando hacia el planteamiento de una huelga general revolucionaria en 1917. Tres son los puntos que la desencadenan. Primero, la inoperancia de la Junta de Subsistencias, incapaz de controlar los precios. Segundo, el cierre del Parlamento en febrero, que provocó mítines en Madrid especialmente violentos. Tercero, la revolución de febrero en Rusia.

     El 28 de marzo se publica un manifiesto conjunto de UGT y CNT en el que se llama a la huelga general indefinida “con el fin de obligar a las clases dominantes a aquellos cambios fundamentales de sistema que garanticen al pueblo el mínimo de las condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras”

     Toda esta actividad obrera y sindical, aunque al final la huelga no fue para tanto, hizo que cundiera el pánico entre las clases burguesas y acomodadas, quienes, en 1919 no dudaron en formar una milicia, la “Acción Ciudadana”.

     Aquella vía defensiva abierta por la presión obrera en la calle y en el mundo del trabajo no fue exclusiva de España. De hecho se dio un claro paralelismo  con otras experiencias similares surgidas a lo largo y ancho de Europa dentro de las mismas coordenadas cronológicas. Suiza, Francia, Bélgica , Holanda, Alemania, Dinamarca, entre otros varios, organizaron también estas guardias cívicas paramilitares ante el peligro de extensión de la revolución bolchevique.

     La indefinición política de Unión Ciudadana ayudó a cohesionar las distintas facciones burguesas que la respaldaban. Aparentemente, nacieron para interferir únicamente las huelgas de servicios públicos, a su juicio caldo de cultivo para la extensión del bolchevismo. En ellas debían de interferir a fin de evitar la paralización de las ciudades, y no para preservar los intereses patronales. Con tal declaración de principios se pretendía eludir las acusaciones de parcialidad por favorecer al capital en su pugna particular con los obreros. Con todo, ese principio  teórico no se cumplió casi nunca. Escudados en la defensa de la “libertad de trabajo”, es decir, la protección de obreros esquiroles, se deslizaron hacia conflictos estrictamente privados en los que no pocas veces salían a relucir las palizas y hasta las pistolas. En fin la Unión Ciudadana, formada, sobre todo, por jóvenes de Acción Católica, profesionales liberales, técnicos, pequeños patronos, algún funcionario, varios policías  y bastantes burócratas, o sea, personajes de clase mediocre –más que media- asustados por si alguna revolución les viniera a arrebatar su recién adquirido “pedigree”, fueron una agrupación de corte que podríamos calificar como prefascista. De hecho, la subida del fascismo al poder en Europa les deslumbró hasta el punto de nombrar socio de honor a Mussolini.

     Leamos un párrafo de uno de sus comunicados y veamos cómo nos suena a todos esa deleznable cantinela:

                                               “Son, en fin , la aspiraciones de la Unión Ciudadana, vigorizar los sentimientos patrióticos, fortalecer

                                                  la raza para que España vuelva a ser tan grande como lo fue en otro tiempo, formar un bloque en el

                                                  que figuren todas las personas de orden, para contrarrestar y desvirtuar los esfuerzos de los revolu-

                                                   cionarios y contribuir, por cuantos medios estén a su alcance, a salvar la Patria.”

 

José Javier González de la Paz,

militante de C.G.T. y periodista.

 

 

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Publicado por José Javier González de la Paz | 06/07/08 - 19:47 | 0 Comentarios

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